sábado, 25 de agosto de 2012

¡Un aplauso!

Por el que camina, aún descalzo. Por el que sonríe, aunque todo sean lágrimas. Por el que ríe, sin razones. Por el que mira, aun teniendo la vista cansada. Por el que ayuda, sin haber sido ayudado. Por el que perdona, sin olvidar.  Por el que lucha, sin tener ninguna meta. Por el que sueña, aun estando despierto. Por el que salta, sin tener fuerzas. Por el que lo da todo, sin recibir nada. 
¡Un aplauso! Por el que vive, a pesar de todo.

jueves, 23 de agosto de 2012

Capitulo 4: ''Emociones fuertes''.

     Tantas preguntas que hacer, tantas cosas que decir y lo primero que le dice a esa chica es, si se va a subir al metro en el metro. Suena estúpido si, muy estúpido.

- ¿Y ahora donde me meto?... ¿Cómo he podido preguntarle eso?... ¡Soy un imbécil! -eso es lo único que Daniel pensaba.
     
     La cabeza de Daniel maquinaba a mil por hora, pero delante solo estaba ella con una sonrisa esplendida. 

A Daniel se le paró el mundo cuando se dio cuenta de que iba a responderle.
- Pues de momento por aquí no navegan barcos, así que creo que si. Si, cogeré el metro.
La chica se río y Daniel sonrió también.
- Lo siento. Vaya pregunta mas tonta -se excusó.
- No pasa nada -dijo riendo-. Me llamo Alice.

Daniel se quedo callado. No escuchaba, solo miraba la boca de esa chica. Había algo extraño entre ellos dos. 

- ¿Te ha comido la lengua el gato? Yo me llamo Alice, ¿y tú?
- Daniel, yo me llamo Daniel, si Daniel. Bueno, Dan, mis amigos me llaman Dan.

Estaba nervioso, pero ¿por qué? Si el siempre había sido un completo ligón.
Extendió la mano para dársela, pero le dio la impresión de que el hombre que tenia a un lado suyo con una gran cámara filmadora les estaba enfocando a los dos. Pensaba girarse a mirar mejor después de darle la mano a Alice, pero ella le cogió fuerte la mano y lo tiro hacia ella plantándole un beso en cada mejilla y haciendo que se olvidase de todo. 

- ¿Y yo ya puedo llamarte Dan?
- Tú puedes llamarme como quieras.
En fin, así son los hombres, que con un beso se les puede someter.

- Seria un honor para mí –dijo Alice sonriendo-. ¿Soy la primera persona, nada mas conocernos, con ese privilegio?

Daniel estaba en otro mundo, otro mundo en el que solo se podía imaginar con esa chica.

- Daniel eh, ¿estas bien? Te noto un poco pálido.
- ¿Perdón? ¿Me decías algo? Estaba pensando -respondió Daniel completamente ido.
- ¿Pensando en que? o ¿en quien?  -dijo Alice entre risas-. Te preguntaba si yo era la primera chica a la que le dejabas el privilegio de llamarte Dan, ¿Dan era, verdad? Aunque, no se ¿nos conocemos de algo? Tu cara me resulta familiar.

Alice hablaba y hablaba mientras Daniel clavada su mirada en ella, le daba igual lo que le dijera, el solo quería que ese momento durase eternamente.

- No lo se, yo es la primera vez que te veo.

Daniel le mintió, le dijo que no la había visto nunca antes. Algo le decía que tenía que hacerlo. Casi no le salían las palabras. Daniel desvió el tema de la conversación.

- ¿Te diriges al centro?
- Si, ¿tu también? -preguntó Alice.
- Si. Tengo mi primera entrevista de trabajo, aquí en New York.  Llegue anoche de California y la verdad que no se como saldrá todo. 

Daniel había acabado de hablar, pero Alice no contestaba. Se giró y vio que ella lo miraba sonriendo.

- ... ¿Pasa algo? ¿Tengo algo en la cara? -preguntó Daniel deseando no tener nada en la cara que le pudiese causar esa sonrisa a Alice.

En realidad, aquella chica siempre estaba sonriendo, y eso a Daniel, directamente, le enamoraba.

- Nada... solo que…

Llego el metro y se subieron rápidamente. Daniel deseaba oír lo que ella pensaba decirle, pero cambio rápido de tema.
- Así que una entrevista eh. Aquí en New York. Vaya tienes suerte, mucha suerte -dijo Alice.
- Pues la verdad que no se como impresionarles, no se ni que decir, ni que hacer, en fin, no se nada. -respondió Daniel con preocupación-. Estoy un poco pez.
- Tranquilo, aquí cuanto mas informal seas, mejor -le animo Alice sonriendo-. Improvisar es lo mejor que puedes hacer.
     
     Cada palabra que decía Alice la hacia mas perfecta, o eso o es que se estaba colocando con el humo de un canuto de marihuana que se fumaba a escondidas un joven con rastas a escasos metros de ellos.

- No te preocupes yo te acompañaré, al fin y al cabo, no tengo que hacer nada hasta la tarde -se ofreció Alice.

A Daniel le dio un vuelco el corazón, pero no pudo evitar preguntarle que hacia despierta a esas horas tan tempranas.
- Me gusta caminar y sentir el ambiente de la ciudad, para despejarme más que nada.
Esa fue la respuesta de Alice, un poco forzada, pero daba igual.
     
     Daniel estaba a punto de pedirle su número de teléfono cuando el tren paro.
- Llegamos -dijo Alice. 

     Daniel espero a que saliese el hombre de la cámara que había visto antes en el andén y después invito a Alice a bajarse del transporte primero, como todo un caballero. El solo quería causarle la mejor impresión.
     
     Al salir de la estación se toparon de frente con el edificio, donde Daniel daría su primera entrevista. Era un edificio tan grande que le hizo sentir como una hormiga.
- ¡A por ellos! -le animo Alice riendo-. Pero antes deja que haga una cosa.
Le rodeo con los brazos y le quito la americana y la corbata, le desabrocho un par de botones y le despeinó.

- Ahora si. Perfecto. ¡Machácales! –continuo Alice.

Su perfume penetro de lleno en el olfato de Daniel, que casi lo hace tambalear.
- ¿Que haces? –preguntó Daniel bastante desconcertado.
- Ya te dije que aquí cuanto mas informal seas, mucho mejor. Tu hazme caso, se de lo que hablo. Sube, demuéstrales de lo que estas hecho y gánatelos. Yo me quedo aquí, esperándote con tus cosas.

Daniel estaba confuso. Esa chica era una caja de sorpresas.
- Estas completamente loca, ¿y si no me aceptan? 
- ¿Confías en mi?
Daniel no contesto.
- Si no te aceptan, entraré allí y montare tal escandalo que saldremos en el ''New York Times''.
Los dos rieron y Alice le dijo un poco más seria:
- Se tu mismo. Es la mejor arma de la que todos disponemos, nunca falla. Eso es lo único que necesitas.

Alice se acercó a Daniel, él estaba temblando, cogió su cuello con una mano, y le susurro al oído:
- Todo saldrá bien, Dan.

Daniel sintió un cosquilleo en la tripa, algo que no había sentido nunca. Sonrió y comenzó a andar hacia el edificio. Alice le había dejado tan nervioso que se dio un tropezón con las escaleras.

     Si, ella estaba loca, pero a Daniel ella le volvía más loco aún. Esa chica era increíble, le hacia sentirse mas colocado que el tío fumata del metro. 
Ella le causaba ese efecto, algo parecido a lo que se mete la peña hoy en día. Se podría decir que se había enganchado a esa chica.


miércoles, 22 de agosto de 2012

Capitulo 3: ''Rencuentro''.

- Daniel...Daniel... ¿qué es lo que quieres de mí?
- Lo quiero todo.
     
     Y entonces, justo en el momento que se acercaba para besarle, paso... El despertador sonó, con un pitido estridente. Daniel se fijo en la hora. Las 06:00h AM, tenía el tiempo justo para llegar a la entrevista de trabajo que tenía programada para hoy.

- ¡¡DAAAAN!! Hora de levantarse. ¿Listo para empezar tu primer día en New York? -dijo Michael desde  la cocina.

     Vaya chasco... despertar justo en el clímax de su sueño le desilusionó,  pero tuvo que levantarse.
Se metió a la ducha y ahí no pudo evitar pensar otra vez en ella y en su sueño. Otra vez la joven rubia del bar. ¿Qué demonios le pasaba con esa chica? Ni que fuera la primera vez que se cruzase con una mujer hermosa. Pero es que ella le había dado un no sé que… que le comía la cabeza. 
¿Se había pillado por ella nada mas verla? No, gracias. Eso solo pasa en los libros de Federico Moccia. 
Pero… ¿La volvería a ver? ¿Dónde vivir...

- ¡Dan! Última vez que te lo repito. ¡Mueve el culo o llegaras tarde! Y como llegues tarde luego no me vengas llorando.
El aviso de Michael asustó tanto a Daniel que casi resbala de la ducha.
- ¡Salgo enseguida! –gritó desde la ducha.
Se seco rápidamente y salió hacía la cocina. 
Michael ya estaba arreglado y se ajustaba la corbata mientras sostenía su cepillo de dientes en su boca, entonces llego Daniel, únicamente con una corbata que le cubría la cintura. Michael lo vio desde su espejo.
- Lo siento Mike. Me entretuve en la ducha.
Michael escupió la espuma de su boca y se enjuagó con agua.
- Tu entrevista es en una hora, así que procura quedar lo mejor que puedas y no llegar ni un minuto tarde, ¿entendido? -le dijo alcanzándole una taza de café-. Yo tengo que irme ya, pero podemos quedar para comer. Bueno, tu llámame cuando termines la entrevista.
- Me estas recordando a mi madre -dijo Daniel entre risas.
- Daniel, tomate esto en serio. No quiero que desaproveches esta oportunidad, puede que no haya otras así.
- Tranquilo Mike, ¿qué puede salir mal? Por cierto, gracias por el traje.
- No ha sido nada. En fin. ¡Buena suerte Dan! -le dijo guiñándole un ojo y colocándose su americana.

Empezó a bajar las escaleras y alcanzó a gritar.
- ¡¡¡Si te contratan, pagas tu la comida!!!
Eso  arrancó una sonrisa a Daniel, pero miró el reloj otra vez, se le hacía tarde. ¿Llegar con retraso a su primera entrevista?... GRACIAS, PERO NO. Había que movilizarse.

     Daniel terminó de arreglarse y bajó rápido hacia la calle. El ruido de una gran ciudad como NY era impresionante. 
Cerró a los ojos, tomo aire y sonrió. Ya con los ojos abiertos paro un taxi y se dispuso a subir.

- A la avenida C...

Y sucedió. Allí estaba ella la chica que le reconcomía tanto la cabeza y no le dejaba dormir. Que ridículo, ni siquiera sabía su nombre y ya soñaba con ella.

- Oiga, ¿esta bien señor? ¿Piensa subir? -preguntó el taxista.
Daniel salió de su mundo y rápidamente cogió 10$ de su bolsillo.
- Lo siento -se disculpo entregándole los 10 pavos.

     Daniel echó a correr hacia la boca del metro y la buscó entre la multitud. Pensó que ya la había perdido, pero no.

     Allí estaba ella...tan rubia tan...ella. Llevaba un abrigo rojo, la verdad que iba tan perfecta que no existían palabras suficientes para describirla.
Entraron al andén y ella se detuvo.
- Voy a hablar con ella, tengo que hablar con ella, debo hablar con ella.
Daniel luchaba consigo mismo,  pero sabia que tenía que actuar de inmediato.
Se acercó despacio, pero volvió hacía atrás. 
Las 24 horas del día pensando en ella, preguntándose donde podría volver a rencontrarse con esa chica que le había marcado tanto, y ahora, cuando la tiene a escasos metros es incapaz de tan siquiera acercarse.

     La tenía a un palmo de distancia. Ahora entendía que un “hola” dirigido hacia alguien que te gusta no es solo una palabra de cuatro letras.
Entonces se decidió y sin que Daniel se diera cuenta la chica ya sonreía.
Daniel miró a ambos lados. En esa fracción de segundo deseo ser el guardia de seguridad que estaba a su derecha o el hombre con esa gran cámara filmadora de su izquierda.
Ya estaba casi rozándola y olía su perfume. 
Cogió aire, y sin pensarlo..
- ¿Piensas coger el metro?
Por dios... Vaya pregunta más estúpida.


domingo, 19 de agosto de 2012

¡Empieza el juego!

"¡Empieza el juego! Quien no haya llegado ya no juega. Se precisan 1000 puntos. El primer clasificado ganará un carro blindado nuevo. ¡Menuda suerte! Cada día leeremos la clasificación por ese altavoz de allí, al último clasificado le colgaremos un cartel que dirá: ''Asno'', aquí en la espalda. Nosotros estamos en el equipo de los súper malos que gritan sin cesar, quien tenga miedo pierde puntos. En tres casos se pierden todos los puntos: los pierden, uno, los que empiezan a llorar, dos, los que quieren ver a su mamá, tres, los que tienen hambre y piden la merienda. ¡Nada de eso! Es muy fácil perder puntos, porque hay hambre. Yo mismo ayer perdí 40 puntos porque no pude aguantar y pedí un panecillo de mermelada. De albaricoque. Y el de fresa. Y nada de chucherías porque nosotros nos os vamos a dar, nos las comemos todas nosotros. Yo ayer me comí 20. Me duele la barriga. Pero estaban buenas. Os lo aseguro. Perdonad que me vaya enseguida pero estamos jugando al escondite y sino me tocara parar''.

La vida es bella.

martes, 14 de agosto de 2012

Capitulo 2: ''Dulce hogar, dulce recuerdo''.

     Daniel, ya cansado y desilusionado por haber perdido de vista a la joven chica, le dijo a Michael:
- En fin... Ya basta de tanta charla, ¿en que lugar de este desierto se encuentra nuestra mansión?
- No te pierdes mucho. 70 metros cuadrados, cuatro gatos y poco más –bromeó Michael.
- Pues menos es nada.
- ¿Así que te conformas con poco? Creo que vas a tener que aprender mucho de mí –contestó Michael ya fuera del bar. 



Los dos cogieron un taxi y cruzaron las calles de Manhattan hasta el misterioso apartamento donde iban a formar nuevas vidas.

- Este es nuestro apartamento -expuso Michael abriendo la puerta de la vivienda.
     
     El apartamento contaba con 6 habitaciones y era bastante confortable. Las paredes eran blancas, excepto la que daba al exterior, que resulto ser un ventanal enorme del salón-comedor, la habitación más grande. Allí se podía apreciar toda la ciudad. Estaba adornado con una gran mesa de roble y sillas rústicas perfectamente talladas. El fondo de esa pared era de color morado oscuro, a juego con el respaldo de las sillas y las flores posadas encima de la mesa. En ella colgaba un cuadro donde se apreciaba un escrito en fondo blanco y en letras aparentemente árabes. Daniel tampoco sintió curiosidad y no pregunto su significado. 
Paso a la zona del salón donde destacaba una gran televisión de plasma de 50 pulgadas que colgaba de la pared. A su lado se encontraba una pequeña estantería con libros y revistas y encima de el un equipo de música de ultima generación. También destacaba un sillón en forma de L de color blanco y cojines morados. Entre la tele y el sillón se situaba una imponente mesita de cristal y a la derecha de todo estaba ese gran ventanal con persianas automáticas también de color morado. 

     Daniel estaba muy sorprendido y rápidamente siguió explorando el resto del apartamento. La cocina le dejo más sorprendido aún. Una gran encimera rectangular de mármol se situaba en el centro de la cocina con bancos altos alrededor. En frente de ello se situaba el lavabo con un alargador para aclarar los platos. Debajo, un armario pequeño donde se guardaba el material de limpieza de la casa. No debían de preocuparse del armario porque ya contaban con una muchacha que se encargaba de la limpieza. Al lado del fregadero se encontraba la vitrocerámica que no se había estrenado y era de un negro tan brillante que Daniel se reflejo en ella. Encima de la vitrocerámica estaba situada una gran campana extractora de humo y debajo se encontraba el lavavajillas, recién comprado. A Daniel lo que mas le gusto de la cocina fue la gran nevera que tenia una puerta de cristal en el que podía observarse la diversidad de alimentos perfectamente colocados. Debajo se encontraba el congelador, además la nevera contaba con una hielera donde solo bastaba apretar un botón para que saliese el hielo troceado directamente a cualquier recipiente que quieras. Daniel vio en el fondo una puerta con rendijas donde se situaba la despensa y otra habitación a la que no entro, pero donde se encontraban la lavadora y la secadora. 
     
     Daniel tenía ganas de ver su habitación. Pasaron por el largo pasillo, adornado con  fotos  enmarcadas de diferentes ciudades del mundo, hasta que vio dos puertas. Michael le indico cual era su habitación y se despidió de el hasta mañana.  
Daniel entró y no pudo evitar sonreír. Una gran cama con almohada y colcha de plumas ocupaba un gran espacio en la habitación. Frente a la cama una televisión de plasma, más pequeña que la otra, colgaba de la pared. El armario empotrado era demasiado grande para lo que el había llevado. Daniel hecho un vistazo dentro de el y encontró un caro y elegante traje de Dolce en su funda con una nota que rezaba: "Me permití comprártelo para tu entrevista para que luzcas tipazo. Michael" Daniel se sintió un poco mal porque pensaba que Michael ya se había tomado demasiadas molestias con el, pero en fin… Los amigos así, siempre están dispuestos a eso y más. 

     Daniel se asomo por la puerta del 
baño y soltó un "¡¡WOW!!" silencioso. Una bañera-jacuzzi y una espectacular ducha de hidromasaje reinaban imponentes, además la habitación contaba con un regulador de luz para esos momentos de relax en el baño. Un puntazo. Daniel cerró la puerta del baño y se dirigió a la terraza, pero antes de eso cogió de su mochila su paquete de tabaco y un encendedor. Empujó la puerta corredera hacia un lado y el aire templado le acaricio la cara. 


     Nuevamente tenia NY a sus pies. 
Era fascinante ver la ciudad por la noche, un espectáculo luminoso inigualable, 
lo que le hizo pensar porque Michael habría elegido la otra habitación. Daniel sería el primero  en ver al sol 
salir y el primero en escuchar los ruidos de la ciudad, pero eso no le importaba en absoluto, es mas se sentía encantado así que cogió el cigarro y lo encendió echando el humo para arriba. Al hacerlo observo el cielo y vio que las estrellas no existían en NY, era la única pega para esa gran ciudad. 



     Siguió apurando el cigarro y mientras expulsaba el humo se acordó de ella...si, de la rubia del bar. 
¿Qué estaría haciendo en este momento? ¿Estaría observando la ciudad como el? ¿Estaría pensando en el como Daniel en ella?... Quien sabe, pero Daniel tuvo el presentimiento de que algún día llegara a saber todo lo que hace. 

     Al fin y al cabo esto es NYC y como dijo Michael, las oportunidades vienen solas.




Por @AlexSoller8 y @aran_f96.