sábado, 25 de agosto de 2012

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¡Un aplauso!

Por el que camina, aún descalzo. Por el que sonríe, aunque todo sean lágrimas. Por el que ríe, sin razones. Por el que mira, aun teniendo la vista cansada. Por el que ayuda, sin haber sido ayudado. Por el que perdona, sin olvidar.  Por el que lucha, sin tener ninguna meta. Por el que sueña, aun estando despierto. Por el que salta, sin tener fuerzas. Por el que lo da todo, sin recibir nada. 
¡Un aplauso! Por el que vive, a pesar de todo.

jueves, 23 de agosto de 2012

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Capitulo 4: ''Emociones fuertes''.

     Tantas preguntas que hacer, tantas cosas que decir y lo primero que le dice a esa chica es, si se va a subir al metro en el metro. Suena estúpido si, muy estúpido.

- ¿Y ahora donde me meto?... ¿Cómo he podido preguntarle eso?... ¡Soy un imbécil! -eso es lo único que Daniel pensaba.
     
     La cabeza de Daniel maquinaba a mil por hora, pero delante solo estaba ella con una sonrisa esplendida. 

A Daniel se le paró el mundo cuando se dio cuenta de que iba a responderle.
- Pues de momento por aquí no navegan barcos, así que creo que si. Si, cogeré el metro.
La chica se río y Daniel sonrió también.
- Lo siento. Vaya pregunta mas tonta -se excusó.
- No pasa nada -dijo riendo-. Me llamo Alice.

Daniel se quedo callado. No escuchaba, solo miraba la boca de esa chica. Había algo extraño entre ellos dos. 

- ¿Te ha comido la lengua el gato? Yo me llamo Alice, ¿y tú?
- Daniel, yo me llamo Daniel, si Daniel. Bueno, Dan, mis amigos me llaman Dan.

Estaba nervioso, pero ¿por qué? Si el siempre había sido un completo ligón.
Extendió la mano para dársela, pero le dio la impresión de que el hombre que tenia a un lado suyo con una gran cámara filmadora les estaba enfocando a los dos. Pensaba girarse a mirar mejor después de darle la mano a Alice, pero ella le cogió fuerte la mano y lo tiro hacia ella plantándole un beso en cada mejilla y haciendo que se olvidase de todo. 

- ¿Y yo ya puedo llamarte Dan?
- Tú puedes llamarme como quieras.
En fin, así son los hombres, que con un beso se les puede someter.

- Seria un honor para mí –dijo Alice sonriendo-. ¿Soy la primera persona, nada mas conocernos, con ese privilegio?

Daniel estaba en otro mundo, otro mundo en el que solo se podía imaginar con esa chica.

- Daniel eh, ¿estas bien? Te noto un poco pálido.
- ¿Perdón? ¿Me decías algo? Estaba pensando -respondió Daniel completamente ido.
- ¿Pensando en que? o ¿en quien?  -dijo Alice entre risas-. Te preguntaba si yo era la primera chica a la que le dejabas el privilegio de llamarte Dan, ¿Dan era, verdad? Aunque, no se ¿nos conocemos de algo? Tu cara me resulta familiar.

Alice hablaba y hablaba mientras Daniel clavada su mirada en ella, le daba igual lo que le dijera, el solo quería que ese momento durase eternamente.

- No lo se, yo es la primera vez que te veo.

Daniel le mintió, le dijo que no la había visto nunca antes. Algo le decía que tenía que hacerlo. Casi no le salían las palabras. Daniel desvió el tema de la conversación.

- ¿Te diriges al centro?
- Si, ¿tu también? -preguntó Alice.
- Si. Tengo mi primera entrevista de trabajo, aquí en New York.  Llegue anoche de California y la verdad que no se como saldrá todo. 

Daniel había acabado de hablar, pero Alice no contestaba. Se giró y vio que ella lo miraba sonriendo.

- ... ¿Pasa algo? ¿Tengo algo en la cara? -preguntó Daniel deseando no tener nada en la cara que le pudiese causar esa sonrisa a Alice.

En realidad, aquella chica siempre estaba sonriendo, y eso a Daniel, directamente, le enamoraba.

- Nada... solo que…

Llego el metro y se subieron rápidamente. Daniel deseaba oír lo que ella pensaba decirle, pero cambio rápido de tema.
- Así que una entrevista eh. Aquí en New York. Vaya tienes suerte, mucha suerte -dijo Alice.
- Pues la verdad que no se como impresionarles, no se ni que decir, ni que hacer, en fin, no se nada. -respondió Daniel con preocupación-. Estoy un poco pez.
- Tranquilo, aquí cuanto mas informal seas, mejor -le animo Alice sonriendo-. Improvisar es lo mejor que puedes hacer.
     
     Cada palabra que decía Alice la hacia mas perfecta, o eso o es que se estaba colocando con el humo de un canuto de marihuana que se fumaba a escondidas un joven con rastas a escasos metros de ellos.

- No te preocupes yo te acompañaré, al fin y al cabo, no tengo que hacer nada hasta la tarde -se ofreció Alice.

A Daniel le dio un vuelco el corazón, pero no pudo evitar preguntarle que hacia despierta a esas horas tan tempranas.
- Me gusta caminar y sentir el ambiente de la ciudad, para despejarme más que nada.
Esa fue la respuesta de Alice, un poco forzada, pero daba igual.
     
     Daniel estaba a punto de pedirle su número de teléfono cuando el tren paro.
- Llegamos -dijo Alice. 

     Daniel espero a que saliese el hombre de la cámara que había visto antes en el andén y después invito a Alice a bajarse del transporte primero, como todo un caballero. El solo quería causarle la mejor impresión.
     
     Al salir de la estación se toparon de frente con el edificio, donde Daniel daría su primera entrevista. Era un edificio tan grande que le hizo sentir como una hormiga.
- ¡A por ellos! -le animo Alice riendo-. Pero antes deja que haga una cosa.
Le rodeo con los brazos y le quito la americana y la corbata, le desabrocho un par de botones y le despeinó.

- Ahora si. Perfecto. ¡Machácales! –continuo Alice.

Su perfume penetro de lleno en el olfato de Daniel, que casi lo hace tambalear.
- ¿Que haces? –preguntó Daniel bastante desconcertado.
- Ya te dije que aquí cuanto mas informal seas, mucho mejor. Tu hazme caso, se de lo que hablo. Sube, demuéstrales de lo que estas hecho y gánatelos. Yo me quedo aquí, esperándote con tus cosas.

Daniel estaba confuso. Esa chica era una caja de sorpresas.
- Estas completamente loca, ¿y si no me aceptan? 
- ¿Confías en mi?
Daniel no contesto.
- Si no te aceptan, entraré allí y montare tal escandalo que saldremos en el ''New York Times''.
Los dos rieron y Alice le dijo un poco más seria:
- Se tu mismo. Es la mejor arma de la que todos disponemos, nunca falla. Eso es lo único que necesitas.

Alice se acercó a Daniel, él estaba temblando, cogió su cuello con una mano, y le susurro al oído:
- Todo saldrá bien, Dan.

Daniel sintió un cosquilleo en la tripa, algo que no había sentido nunca. Sonrió y comenzó a andar hacia el edificio. Alice le había dejado tan nervioso que se dio un tropezón con las escaleras.

     Si, ella estaba loca, pero a Daniel ella le volvía más loco aún. Esa chica era increíble, le hacia sentirse mas colocado que el tío fumata del metro. 
Ella le causaba ese efecto, algo parecido a lo que se mete la peña hoy en día. Se podría decir que se había enganchado a esa chica.


miércoles, 22 de agosto de 2012

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Capitulo 3: ''Rencuentro''.

- Daniel...Daniel... ¿qué es lo que quieres de mí?
- Lo quiero todo.
     
     Y entonces, justo en el momento que se acercaba para besarle, paso... El despertador sonó, con un pitido estridente. Daniel se fijo en la hora. Las 06:00h AM, tenía el tiempo justo para llegar a la entrevista de trabajo que tenía programada para hoy.

- ¡¡DAAAAN!! Hora de levantarse. ¿Listo para empezar tu primer día en New York? -dijo Michael desde  la cocina.

     Vaya chasco... despertar justo en el clímax de su sueño le desilusionó,  pero tuvo que levantarse.
Se metió a la ducha y ahí no pudo evitar pensar otra vez en ella y en su sueño. Otra vez la joven rubia del bar. ¿Qué demonios le pasaba con esa chica? Ni que fuera la primera vez que se cruzase con una mujer hermosa. Pero es que ella le había dado un no sé que… que le comía la cabeza. 
¿Se había pillado por ella nada mas verla? No, gracias. Eso solo pasa en los libros de Federico Moccia. 
Pero… ¿La volvería a ver? ¿Dónde vivir...

- ¡Dan! Última vez que te lo repito. ¡Mueve el culo o llegaras tarde! Y como llegues tarde luego no me vengas llorando.
El aviso de Michael asustó tanto a Daniel que casi resbala de la ducha.
- ¡Salgo enseguida! –gritó desde la ducha.
Se seco rápidamente y salió hacía la cocina. 
Michael ya estaba arreglado y se ajustaba la corbata mientras sostenía su cepillo de dientes en su boca, entonces llego Daniel, únicamente con una corbata que le cubría la cintura. Michael lo vio desde su espejo.
- Lo siento Mike. Me entretuve en la ducha.
Michael escupió la espuma de su boca y se enjuagó con agua.
- Tu entrevista es en una hora, así que procura quedar lo mejor que puedas y no llegar ni un minuto tarde, ¿entendido? -le dijo alcanzándole una taza de café-. Yo tengo que irme ya, pero podemos quedar para comer. Bueno, tu llámame cuando termines la entrevista.
- Me estas recordando a mi madre -dijo Daniel entre risas.
- Daniel, tomate esto en serio. No quiero que desaproveches esta oportunidad, puede que no haya otras así.
- Tranquilo Mike, ¿qué puede salir mal? Por cierto, gracias por el traje.
- No ha sido nada. En fin. ¡Buena suerte Dan! -le dijo guiñándole un ojo y colocándose su americana.

Empezó a bajar las escaleras y alcanzó a gritar.
- ¡¡¡Si te contratan, pagas tu la comida!!!
Eso  arrancó una sonrisa a Daniel, pero miró el reloj otra vez, se le hacía tarde. ¿Llegar con retraso a su primera entrevista?... GRACIAS, PERO NO. Había que movilizarse.

     Daniel terminó de arreglarse y bajó rápido hacia la calle. El ruido de una gran ciudad como NY era impresionante. 
Cerró a los ojos, tomo aire y sonrió. Ya con los ojos abiertos paro un taxi y se dispuso a subir.

- A la avenida C...

Y sucedió. Allí estaba ella la chica que le reconcomía tanto la cabeza y no le dejaba dormir. Que ridículo, ni siquiera sabía su nombre y ya soñaba con ella.

- Oiga, ¿esta bien señor? ¿Piensa subir? -preguntó el taxista.
Daniel salió de su mundo y rápidamente cogió 10$ de su bolsillo.
- Lo siento -se disculpo entregándole los 10 pavos.

     Daniel echó a correr hacia la boca del metro y la buscó entre la multitud. Pensó que ya la había perdido, pero no.

     Allí estaba ella...tan rubia tan...ella. Llevaba un abrigo rojo, la verdad que iba tan perfecta que no existían palabras suficientes para describirla.
Entraron al andén y ella se detuvo.
- Voy a hablar con ella, tengo que hablar con ella, debo hablar con ella.
Daniel luchaba consigo mismo,  pero sabia que tenía que actuar de inmediato.
Se acercó despacio, pero volvió hacía atrás. 
Las 24 horas del día pensando en ella, preguntándose donde podría volver a rencontrarse con esa chica que le había marcado tanto, y ahora, cuando la tiene a escasos metros es incapaz de tan siquiera acercarse.

     La tenía a un palmo de distancia. Ahora entendía que un “hola” dirigido hacia alguien que te gusta no es solo una palabra de cuatro letras.
Entonces se decidió y sin que Daniel se diera cuenta la chica ya sonreía.
Daniel miró a ambos lados. En esa fracción de segundo deseo ser el guardia de seguridad que estaba a su derecha o el hombre con esa gran cámara filmadora de su izquierda.
Ya estaba casi rozándola y olía su perfume. 
Cogió aire, y sin pensarlo..
- ¿Piensas coger el metro?
Por dios... Vaya pregunta más estúpida.


domingo, 19 de agosto de 2012

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¡Empieza el juego!

"¡Empieza el juego! Quien no haya llegado ya no juega. Se precisan 1000 puntos. El primer clasificado ganará un carro blindado nuevo. ¡Menuda suerte! Cada día leeremos la clasificación por ese altavoz de allí, al último clasificado le colgaremos un cartel que dirá: ''Asno'', aquí en la espalda. Nosotros estamos en el equipo de los súper malos que gritan sin cesar, quien tenga miedo pierde puntos. En tres casos se pierden todos los puntos: los pierden, uno, los que empiezan a llorar, dos, los que quieren ver a su mamá, tres, los que tienen hambre y piden la merienda. ¡Nada de eso! Es muy fácil perder puntos, porque hay hambre. Yo mismo ayer perdí 40 puntos porque no pude aguantar y pedí un panecillo de mermelada. De albaricoque. Y el de fresa. Y nada de chucherías porque nosotros nos os vamos a dar, nos las comemos todas nosotros. Yo ayer me comí 20. Me duele la barriga. Pero estaban buenas. Os lo aseguro. Perdonad que me vaya enseguida pero estamos jugando al escondite y sino me tocara parar''.

La vida es bella.

martes, 14 de agosto de 2012

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Capitulo 2: ''Dulce hogar, dulce recuerdo''.

     Daniel, ya cansado y desilusionado por haber perdido de vista a la joven chica, le dijo a Michael:
- En fin... Ya basta de tanta charla, ¿en que lugar de este desierto se encuentra nuestra mansión?
- No te pierdes mucho. 70 metros cuadrados, cuatro gatos y poco más –bromeó Michael.
- Pues menos es nada.
- ¿Así que te conformas con poco? Creo que vas a tener que aprender mucho de mí –contestó Michael ya fuera del bar. 



Los dos cogieron un taxi y cruzaron las calles de Manhattan hasta el misterioso apartamento donde iban a formar nuevas vidas.

- Este es nuestro apartamento -expuso Michael abriendo la puerta de la vivienda.
     
     El apartamento contaba con 6 habitaciones y era bastante confortable. Las paredes eran blancas, excepto la que daba al exterior, que resulto ser un ventanal enorme del salón-comedor, la habitación más grande. Allí se podía apreciar toda la ciudad. Estaba adornado con una gran mesa de roble y sillas rústicas perfectamente talladas. El fondo de esa pared era de color morado oscuro, a juego con el respaldo de las sillas y las flores posadas encima de la mesa. En ella colgaba un cuadro donde se apreciaba un escrito en fondo blanco y en letras aparentemente árabes. Daniel tampoco sintió curiosidad y no pregunto su significado. 
Paso a la zona del salón donde destacaba una gran televisión de plasma de 50 pulgadas que colgaba de la pared. A su lado se encontraba una pequeña estantería con libros y revistas y encima de el un equipo de música de ultima generación. También destacaba un sillón en forma de L de color blanco y cojines morados. Entre la tele y el sillón se situaba una imponente mesita de cristal y a la derecha de todo estaba ese gran ventanal con persianas automáticas también de color morado. 

     Daniel estaba muy sorprendido y rápidamente siguió explorando el resto del apartamento. La cocina le dejo más sorprendido aún. Una gran encimera rectangular de mármol se situaba en el centro de la cocina con bancos altos alrededor. En frente de ello se situaba el lavabo con un alargador para aclarar los platos. Debajo, un armario pequeño donde se guardaba el material de limpieza de la casa. No debían de preocuparse del armario porque ya contaban con una muchacha que se encargaba de la limpieza. Al lado del fregadero se encontraba la vitrocerámica que no se había estrenado y era de un negro tan brillante que Daniel se reflejo en ella. Encima de la vitrocerámica estaba situada una gran campana extractora de humo y debajo se encontraba el lavavajillas, recién comprado. A Daniel lo que mas le gusto de la cocina fue la gran nevera que tenia una puerta de cristal en el que podía observarse la diversidad de alimentos perfectamente colocados. Debajo se encontraba el congelador, además la nevera contaba con una hielera donde solo bastaba apretar un botón para que saliese el hielo troceado directamente a cualquier recipiente que quieras. Daniel vio en el fondo una puerta con rendijas donde se situaba la despensa y otra habitación a la que no entro, pero donde se encontraban la lavadora y la secadora. 
     
     Daniel tenía ganas de ver su habitación. Pasaron por el largo pasillo, adornado con  fotos  enmarcadas de diferentes ciudades del mundo, hasta que vio dos puertas. Michael le indico cual era su habitación y se despidió de el hasta mañana.  
Daniel entró y no pudo evitar sonreír. Una gran cama con almohada y colcha de plumas ocupaba un gran espacio en la habitación. Frente a la cama una televisión de plasma, más pequeña que la otra, colgaba de la pared. El armario empotrado era demasiado grande para lo que el había llevado. Daniel hecho un vistazo dentro de el y encontró un caro y elegante traje de Dolce en su funda con una nota que rezaba: "Me permití comprártelo para tu entrevista para que luzcas tipazo. Michael" Daniel se sintió un poco mal porque pensaba que Michael ya se había tomado demasiadas molestias con el, pero en fin… Los amigos así, siempre están dispuestos a eso y más. 

     Daniel se asomo por la puerta del 
baño y soltó un "¡¡WOW!!" silencioso. Una bañera-jacuzzi y una espectacular ducha de hidromasaje reinaban imponentes, además la habitación contaba con un regulador de luz para esos momentos de relax en el baño. Un puntazo. Daniel cerró la puerta del baño y se dirigió a la terraza, pero antes de eso cogió de su mochila su paquete de tabaco y un encendedor. Empujó la puerta corredera hacia un lado y el aire templado le acaricio la cara. 


     Nuevamente tenia NY a sus pies
Era fascinante ver la ciudad por la noche, un espectáculo luminoso inigualable, 
lo que le hizo pensar porque Michael habría elegido la otra habitación. Daniel sería el primero  en ver al sol 
salir y el primero en escuchar los ruidos de la ciudad, pero eso no le importaba en absoluto, es mas se sentía encantado así que cogió el cigarro y lo encendió echando el humo para arriba. Al hacerlo observo el cielo y vio que las estrellas no existían en NY, era la única pega para esa gran ciudad. 



     Siguió apurando el cigarro y mientras expulsaba el humo se acordó de ella...si, de la rubia del bar. 
¿Qué estaría haciendo en este momento? ¿Estaría observando la ciudad como el? ¿Estaría pensando en el como Daniel en ella?... Quien sabe, pero Daniel tuvo el presentimiento de que algún día llegara a saber todo lo que hace. 

     Al fin y al cabo esto es NYC y como dijo Michael, las oportunidades vienen solas.




Por @AlexSoller8 y @aran_f96.

lunes, 13 de agosto de 2012

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Capitulo 1: ''Bienvenidas y sensaciones nuevas''.

- Señor, disculpe, debe abrocharse el cinturón estamos a punto de aterrizar, gracias -Daniel despertó con un pequeño sobresalto.


Se abrochó el cinturón, se frotó la
cara y miró por la ventana. 

El Empire State lideraba los grandes rascacielos de la ciudad. Lo reconoció todo, incluso logró ubicar el emplazamiento donde se situaban las torres gemelas antes de ese fatídico 11/S. 

     Todo NY a sus pies. Comenzaba una nueva etapa para el.

     Suspiró, y mientras lo hacía el avión empezó a descender, pero no llevaba mucha cosa así que no tardó en salir de la cinta de equipajes. Se dirigió junto un gran grupo de personas a la salida. 
Mientras andaba encendió su móvil y le dejo un mensaje a su hermano.
Al levantar la mirada del aparato vio que las demás personas se rencontraban con sus familias y conocidos, pero el no veía a Michael por ningún lado.
De pronto, alguien le arrebató el móvil de las manos. Daniel levantó la vista rápidamente alterado y vio a Michael frente a el sonriendo y con su Sony Xperia en sus manos.

     Michael era un joven de 1,86 m. pelo corto rubio y ojos azules. Al contrario que Daniel, que era de pelo negro, ojos marrones y 1,88 m. Los dos gozaban de buen físico y sobretodo de una gran amistad.

- ¡Veo que sigues siendo el mismo empanado de siempre! -exclamó Michael.
Daniel le arrebato el móvil otra vez, sonrió y se abrazaron.
- Y tu sigues siendo el mismo capuyo de siempre -bromeó Daniel.
- Bienvenido a tu nueva casa hermano -le dijo Michael-. Ven, vayamos a tomar algo.
Cogió la maleta de Daniel y fue a pedir un taxi.
- ¿Qué tal están todos? -preguntó Michael ya dentro del taxi.
- Demasiado desorden. Mi madre no puede con todo y mas aún desde que mi viejo murió. Mi hermano la ayuda en todo lo que puede y mi hermana...ya sabes, sigue con su rebeldía particular.
- En fin. Ya estas aquí. Pasa página y disfruta.
- ¿Y tu? ¿Qué tal por la gran manzana? ¿Estas a la altura?
- La verdad que esto es un puto cielo. Aquí encuentras todo lo que puedas llegar a desear.
- ¡¿A si?! -preguntó Daniel con ironía.
- Si, es una pasada. Ya lo comprobaras por ti mismo.
- Ya. Espero que hayas encontrado los 20 pavos que me debes -los dos rieron.

- Bueno hemos llegado.
Michael se bajo y Daniel pago al taxista.
- Ahora ya son 40 pavos...
Michael sonrió y le dijo entre risas:
- Vamos anímate yo invito a las cervezas -cogió la maleta de Daniel y entraron a un bar-. Vayamos a esa mesa así podrás apreciar las vistas y sobre todo a las mujeres que desfilan por aquí.


Se sentaron y Michael levantó la mano.
- ¡¡FRED!! 2 birras hermano. Gracias.

En ese momento a Daniel le vinieron muchas cosas a la cabeza que le hicieron ponerse serio, algo que Michael noto. 

Pero esa seriedad se rompió con la llegada de Fred y un par de cervezas Heineken bien frías. 
Michael dio un trago y Daniel lo imitó.
- Bueno...ya estas aquí amigo mio, pero no te contengas...despliega toda tu alegría -dijo Michael. 
Daniel sonrió tomándose bien la ironía de su amigo y  sonriendo levemente pero con tono de preocupación le dijo:
- No se si he tomado la mejor decisión. No se que dirección tomar.
Puso las manos sobre la botella y resopló.
- Dan, colega mira a tu alrededor... ¡ESTAS EN NY! Las oportunidades vienen solas.

     Entonces se abrió la puerta del bar. La campanilla sonó y de la calle entro una chica rubia de 1,70 m. de estatura. Daniel la miró y ella a el durante unos largos segundos.
Al verla, Daniel sintió algo desconocido para el, pero hizo que levantara su botella y se dirigiese a Michael diciendo: 
- ¡Brindo por ello!
Los amigos brindaron y bebieron riendo.
Daniel buscó disimuladamente otra vez la mirada de la chica pero ella clavaba la mirada en una revista.
Dan parecía estar llamando mentalmente a esa chica cuando Michael le sacó de sus pensamientos. 
- Por cierto. Un colega mío da una fiesta en su apartamento el sábado por la noche. Les he hablado de ti y quieren conocerte. Te servirá para irte abriendo espacio por aquí. 
Daniel lo miró y le contestó:
- No se Mike... 
- Venga, te lo pasaras bien.
- De acuerdo, pero espero que acepten lo nuestro -bromeó Daniel. Cosa que le hizo gracia a los dos y empezaron a reírse.
Michael lo golpeó, lo que le hizo acordarse de la chica nuevamente. 

     La buscó con la mirada, pero ya no estaba…
...lástima.

jueves, 2 de agosto de 2012

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Que reír será un lujo que olvide cuando te haya olvidado.

Igual que el mosquito más tonto de la manada 
yo sigo tu luz aunque me lleve a morir, 
te sigo como les siguen los puntos finales 
a todas las frases suicidas que buscan su fin. 

Igual que el poeta que decide trabajar en un banco 
sería posible que yo en el peor de los casos 
le hiciera una llave de judo a mi pobre corazón 
haciendo que firme llorando esta declaración: 

Me callo porque es más cómodo engañarse. 
Me callo porque ha ganado la razón al corazón. 
Pero pase lo que pase, 
y aunque otro me acompañe, 
en silencio te querré tan sólo a tí. 

Igual que el mendigo cree que el cine es un escaparate, 
igual que una flor resignada decora un despacho elegante, 
prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño 
y reír será un lujo que olvide cuando te haya olvidado. 

Pero igual que se espera como esperan en la Plaza de Mayo 
procuro encender en secreto una vela no sea que por si acaso
un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver 
reduciendo estas palabras a un trozo de papel. 


Deseos de cosas imposibles - La Oreja de Van Gogh